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domingo, 27 de noviembre de 2011

Mini manzanas caramelizadas


Después de los cuarenta años, la verdadera cara la tenemos en la nuca, 
mirando desesperadamente para atrás.  

Desde la medianera, es posible mirar con la nuca y con los ojos.  Con la nuca busco una receta que solía hacer mi abuela; con los ojos, cocino. No se trata de la versión de las manzanas grandes, las que vendían (o aún venden) en las plazas, es una adaptación para adultos nostálgicos: manzanitas pequeñas, sin pochoclos, el caramelo no se enrieda en los pelos y no hay riesgo de perder los dientes:


Para veinte mini manzanas:
2 manzanas verdes
Jugo de limón
Canela
1 taza de azúcar
1 chorrito de agua
Colorante rojo (o verde)
Palitos de brochettes

Cortamos las manzanas en forma de esferas con la cuchara mágica que sólo se consigue en los supermercados chinos de rejas celestes. Maceramos en limón y canela. Ponemos a calentar la taza de azúcar con un pequeño chorrito de agua. Cuando se convierta en caramelo, metemos las manzanas pinchadas en un palito de brochette y las bañamos en caramelo y las dejamos secar. Si las pasan rápidamente, el caramelo se solidifica pronto. Si las dejan un buen rato en la ollita, soltarán el jugo y en vez de caramelizarse, absorberán el almibar y, en vez de caramelizarse, quedarán un poco pringosas, pero bastante buenas.
Esta receta no es lo que se dice guaaauuu, ni miaaauuu, pero para quien no piensa armar el árbol, excelente como centro de mesa (con flit por si las moscas).

Y listo. Que cada quien mire para donde más convenga. ¿Más sobre la nuca? Escuchemos a Wimpi:
La nuca 
(inicio)
El castellano tiene posibilidades insólitas. Uno puede decir en castellano con todo derecho: "Cocearete el colodrillo de tal suerte que restarás zangolotino". (¡Qué bonito, eh! ¿Saben lo que quiere decir? Quiere decir: Te Voy a dar una patada en la nuca que vas a quedar zonzo. Zangolotino, en efecto, que viene de zangolotear —y zangolotear es moverse de un lado a otro desatinadamente— se les llama a los muchachos que siguen con sus hábitos de niños o que en la casa se les hace seguir: son ésos que les dejan el pelo largo, con rulos, hasta los seis años, que toman mamadera hasta los siete y que después, claro, se chupan el dedo por el resto de su vida. Colodrillo, que viene de cogote, es la nuca. Hoy vino uno dispuesto a hablar de la nuca, amigos. O sea del contrafuerte del coco. Coco es uno de los nombres familiares del mate y de tal manera aceptado por el consenso unánime que la Academia llama cocosa a la persona que anda mal de la cabeza. La nuca es una de las cosas más necesarias del mundo. Porque sin nuca el tipo no podría acostarse boca arriba. Y si el tipo se acostara siempre boca abajo, quedaría ñato y con la punta de los pies torcidas para arriba y si siempre se acostara de costado, quedaría desparejo.

(quien quiera oír, que oiga: el cuento sigue en La máquina del tiempo).

 

lunes, 27 de junio de 2011

Helado de mango


Gracias al golpe que me di en la cabeza la semana pasada, dejé de preocuparme por mi crisis existencial y comencé a OCUPARME de ella. Para provocar un cambio en la vida, algo hay que activar. No importa tanto qué es lo primero que uno haga, la cuestión es precipitar la primera ficha de dominó. Después, todo es fácil. Por estos días, justamente, una compañera de trabajo me aconsejó empezar por cambiar de celular. Según ella, ese aparatejo viejo, con la pantalla rajada, privado de tres botones y con una batería de duración máxima de 3 horas, daba asco. Es posible, pensé. Lo que pasa es que invertir en este tipo de cosas no me gusta. El dinero está para cosas mucho más importantes respondí, mientras me acomodaba mis anteojos de leer Riqui Sarkany. Pero algo de razón tenía, porque para mantener la comunicación con alguien, debia atajar con todos los dedos carcaza, antena y botonera, y así no se puede. Entonces fui a una de estas casas de celulares y, mientras el vendedor me mareaba con una cantidad impresionante de modelos, le dije, dame uno cualquiera, pero que sea finito y tenga linterna.
He dado el primer puntapié. Se activó el motor. Puse en en marcha la máquina. Se vienen grandes cambios. A partir de ahora, todo lo que empiece a hacer, será últil y provechoso. Como este riquísimo helado de mango, preparado a fines de una tarde de junio, cuando el termómetro marcaba 3 grados de temperatura.

Ingredientes

Pulpa de 2 mangos
1 cucharada de jugo de limón
150 gramos de azúcar impalpable
300 cm3 de crema de leche

¡Qué fredo!

Procesar la pulpa de mango, el limón y azúcar en licuadora o minipimmer.
Batir la crema de leche unos minutos, hasta que quede ligeramente firme pero sin que llegar a punto chantillí. Agregar la pulpa y mezclar suavemente. Llevar a una fuente y meter en el freezer. Cada rato sacar y volver a mezclar.
Podemos bañar con sirope de mango, que se hace con pulpa de mango procesada y colada, unas gotas de jugo de limón y azúcar. Mezclamos y llevamos a fuego hasta que se reduzca un poco.

Me retiro a meditar cerca de la estufa, no sin antes pasarles el cuento habitual. Robado descaradamente de la página La Pulpera de Fernando Terreno, a quien he sacado textos más de una vez sin mencionar las fuentes, con ustedes:

El fuego, la velocidad, dios.
Cuenta una leyenda hindú que en ocasión de la visita del Maharajá de la región, el jefe de la aldea lo llevó por la calle principal y le mostró a un hombre inclinado ante el fuego y recitando una plegaria.
−Es un sacerdote −dijo el Maharajá.
Y luego vieron a un hombre que, alimentando el fuego con un fuelle, derretía el metal y fabricaba una espada.
−Es un herrero −dijo el Maharajá.
Después se enfrentaron a un hombre que volcaba oro puro, en estado líquido, sobre un molde cuidadosamente labrado.
−Es un orfebre −dijo el Maharajá.
Y al final de la calle había otro hombre que estaba sentado sin hacer nada, pero mirando fijamente el fuego y el Maharajá se sintió desconcertado.
− ¿Qué hace? −preguntó.
− Trata de averiguar qué es el fuego −le contestó el jefe de la aldea −. Es un filósofo.

Sustraído de:
Leonardo Moledo/Esteban Magnani, Diez teorías que conmovieron al mundo, 2006, Buenos Aires, Capital Intelectual.

lunes, 16 de mayo de 2011

Flan de caqui


Si se preguntan qué es la felicidad, les anticipo que hay demasiadas e inciertas teorías. León Tolstoi decía que "el secreto de la felicidad no es hacer siempre lo que se quiere sino querer siempre lo que se hace". Antonio Gala, por su parte, escribió que "la felicidad es darse cuenta que nada es demasiado importante". Escépticos como Goethe, en cambio, opinaban que "todo se soporta en la vida, con excepción de muchos días de continua felicidad." Y yo, como puedo darme el lujo de ser cursi, opino que la felicidad está escondida debajo del cabito de un caqui. Seguramente todos conocen lo que es un caqui, pero se que a nadie se le hubiera ocurrido esta hipótesis (mi psicoanalista dice que podría patentar la idea, si es que me hace feliz). Es que nada más ver ese intenso color anaranjado, apretado de líneas finas verdes, que al cortarlo transversalmente devela una estrella de ocho puntas, una no puede menos que decir, "acá hay algo". Bella, bella, bellísima fruta. Y no es que me guste -es demasiado dulce para mi paladar-, es que mirarla me da felicidad. Cerrando esta introducción quisiera, antes de irme a almorzar un florero, pasarles la receta referida:

Flan de caqui
Ingredientes:
-4 caquis bien maduros
-100 gr. de azúcar
-2 vasos de leche
-100 cm3 de crema de leche
-4 huevos
-canela en polvo
-sal

Procedimiento:
Caramelizar el molde con la mitad de azúcar y una pizca de agua. En una ollita calentar la leche y la crema hasta que hierva. Retirar del fuego. Pelar los caquis y trocearlos. Hervirlos por unos 5 minutos en agua. Luego colarlos y procesarlos.
Batir los huevos con el azúcar y una pizca de sal y otra de canela. Agregar la preparacion a la leche, luego el pure de caqui y volver a batir. Llevar al molde caramelizado y cocinar a baño maría por unos 45 minutos. Cuando entibie, meter en la heladera hasta que enfríe y solidifique.
También se puede hacer con maracuyá, papaya o cualquier otra fruta que les de felicidad.
Continuando con el tema que nos compete, preguntamos a Groucho Marx qué es esta emoción que nos embriaga de alegría y esto es lo que nos respondió: "hija mía, la felicidad está hecha de pequeñas cosas: un pequeño yate, una pequeña mansión, una pequeña fortuna…". Si no nos conforma la respuesta, Jules Renard aporta otro consejo: "si el dinero no te da la felicidad, devuélvelo."
La última opinión se la dejamos al autor del cuento que sigue. Desde la página Internacional Microcuentista, con ustedes:

La felicidad
De Andrés Neuman
Me llamo Marcos. Siempre he querido ser Cristóbal.
No me refiero a llamarme Cristóbal. Cristóbal es mi amigo; iba a decir el mejor, pero diré que el único.
Gabriela es mi mujer. Ella me quiere mucho y se acuesta con Cristóbal.
Él es inteligente, seguro de sí mismo y un ágil bailarín. También monta a caballo. Domina la gramática latina. Cocina para las mujeres. Luego se las almuerza. Yo diría que Gabriela es su plato predilecto.
Algún desprevenido podrá pensar que mi mujer me traiciona: nada más lejos. Siempre he querido ser Cristóbal, pero no vivo cruzado de brazos. Ensayo no ser Marcos. Tomo clases de baile y repaso mis manuales de estudiante. Sé bien que mi mujer me adora. Y es tanta su adoración, tanta, que la pobre se acuesta con él, con el hombre que yo quisiera ser. Entre los fornidos pectorales de Cristóbal, mi Gabriela me aguarda ansiosa con los brazos abiertos.
A mí me colma de gozo semejante paciencia. Ojalá mi esmero esté a la altura de sus esperanzas y algún día, pronto, nos llegue el momento. Ese momento de amor inquebrantable que ella tanto ha preparado, engañando a Cristóbal, acostumbrándose a su cuerpo, a su carácter y sus gustos, para estar lo más cómoda y feliz posible cuando yo sea como él y lo dejemos solo.

Del libro Alumbramiento. Páginas de Espuma, Madrid, 2006 y Buenos Aires, 2007.

sábado, 2 de abril de 2011

Postre casero de chocolate


Habiendo tantas opciones prácticas para hacer postres (como ser, los de cajita), no creo que esta receta le interese a los modernos de ahora. Y habiendo tantos postres en envases tan atractivos (como ser, el los dibujos de Spiderman pisandole la cabeza a Hydro Man), tampoco creo que sea de interés para los niños del presente. Así que esta entrada va dedicada a las abuelas de antes y a los niños que por las noches se van a la cama con muñeco de trapo y libro de cuentos bajo el brazo.
Para 6 pasados de moda:
1 litro de leche, cuatro yemas de huevo, 150 gramos de chocolate rallado, una cucharada de maicena y seis cucharadas de azúcar.
Preparación:
Calentar la leche en una ollita. Revolver constantemente. Agregar el chocolate rallado y seguir removiendo con cuchara de madera. Cuando la leche hierva, separar del fuego, añadir las yemas batidas previamente con el azúcar, la cucharada de maicena previamente disuelta en un par de cucharadas de agua o leche y seguir revolviendo por un rato largo hasta que todo se disuelva muy bien. Volver a llevar la ollita a la hornalla y, sin dejar de revolver, volver a calentar hasta que el postre tome consistencia. Luego verter en tarritos y llevar a la heladera por al menos 3 horas.

Como de costumbre, el plato fuerte de este post no es la receta, sino el cuento. No hay mejor postre para el final de esta velada, ni mejor incentivo para alcanzar el sueño, que este microrrelato que transcribo a continuación. Es uno de lo más hermosos que he leído últimamente. Fue ganador del concurso Microcuento Fantástico miNatura 2009.
¡Que lo disfruten!
John Seal
De Annabel Miguelena (Panamá)
Mi hermano Felipe nunca me dejó jugar a eso. Era un asunto de varones. Tampoco me interesaba, pero moría por descubrir de dónde le salía tanta pasión por sus soldaditos. Sí, de esos verdes que vendían los buhoneros por montones. Y es que ni en sueños me los prestaba, pero sí estaba a la orden del día para plantarse a jugar con ellos sobre mi panza. Juraba que era un campo de batalla real. Yo lo dejaba. ¿Por qué iba a echar a perder la fantasía de mi hermanito? Aunque, a veces me fastidiaba el constante ¡Bang! ¡Bang! Que gritaba, mientras combatía con sus muñecos.
Así estuvo por años, hasta que un día jugando en mi vientre empezó a sollozar.
—¿Que te ocurre, Felipito? —le pregunté con ternura.
—¡Ha muerto John Seal!
—¿Y quién es John Seal?
—El soldado más valiente. ¡Un héroe! El mejor de los amigos y el guía de nuestras exploraciones. Sin él no quiero pelear contra los malvados Grish. Pero, ¿sabes? Ya no lloraré. Seguro que no le agradaría verme así. Yo mismo le daré cristiana sepultura en este campo de batalla, y su honor será recordado para siempre.
Desde ese día, se acabó la lucha en mi panza. No más soldaditos, ni malvados Grish. ¡Sabrá Dios quiénes eran! Y me convencí por años que fue porque mi hermanito había crecido. Seguiría creyéndolo, si no fuera porque a los veinte años me operaron de una hernia y en plena cirugía, el doctor sustrajo una pequeña calavera desde lo más profundo de mi ombligo.

miércoles, 9 de marzo de 2011

Arroz con leche de coco y mango


El botánico suizo Henri Pittier señaló que "el mango incita a la ociosidad, a la invasión de la propiedad ajena y a la vagancia; además, por bueno y saludable que sea, cuando se goza de él con moderación, provoca a veces desórdenes en el sistema digestivo y dista mucho de ser un alimento completo". Dejarlo hablar a Pittier de mangos debe ser como darme un micrófono a mí para que opine acerca del mondongo.  Por suerte,  hindúes y budistas, piensan lo contrario. Primeramente, le atribuyen propiedades sagradas, proclamando que el Buda se sentaba bajo un árbol de mangos a meditar. En segundo lugar, exaltan al extremo sus propiedades vitamínicas y nutricionales, indicando que esta Mangífera índica es el "fruto del cielo". Y tercero y último,  hemos consultado al Gran Bijoy Casarets (el  famoso hindú que hace la siesta en Parque Lezama) quien, juntando las manos, dijo: "al gringo Pittier, ni bola, al que de chico la comida con aceite de ricino le preparan, torcido queda". Dicho lo cual, bostezó y durmió por largo rato (es que había dicho mucho).
Sea como sea, es mi fruta preferida y siempre estoy en la búsqueda de nuevas recetas donde pueda emplearlo, como en esta combinación de arroz con leche de coco y mango fresco. Delicada, deliciosa y sublime. Se las paso:

Ingredientes (para 4 personas)
1 1/2 tazas de arroz remojado en agua o leche de coco desde la noche anterior
300 cm3 de de leche de coco
3/4 taza de azúcar (rubia o morena)
1 pizca de sal
2 mangos
La receta:
Hervir el arroz en la vaporiera hasta que esté a punto. En otra olla, poner a calentar la leche de coco, la pizca de sal y el azúcar. Dejar que se caliente pero que no llegue a ebullición. Poner el arroz en un recipiente y luego bañar con la leche de coco. Dejar reposar una hora y luego llevar a la heladera por un par de horas más. Al momento de servir, agregar pedacitos de mango fresco cortados en tiras. Se puede decorar con una ramita de menta.
Para los hindúes regalar mangos es símbolo de amor y amistad. Para Hermann Hesse, lo es escribirlos. Para mí, regalarlos. Los dejo en Gran Compañía. ¡Námaste!
Leyenda china
Hermann Hesse
Esto se cuenta acerca de Meng Hsie.
Cuando supo que últimamente los artistas jóvenes se ejercitaban en colocarse cabeza abajo, decían que para ensayar una nueva visión, inmediatamente Meng Hsie practicó también este ejercicio. Y después de probarlo un rato declaró a sus discípulos:
-Cuando me coloco cabeza abajo se me presenta el mundo bajo un aspecto nuevo y más hermoso.
Esto se comentó, y los jóvenes artistas se ufanaban no poco de que el anciano maestro hubiese respaldado así sus experimentos.
Se sabía que apenas hablaba, y que enseñaba a sus discípulos no mediante doctrinas sino con su simple presencia y su ejemplo. Por eso sus manifestaciones llamaban mucho la atención y se difundían por todas partes.
Poco después de que aquellas palabras suyas hubiesen hecho las delicias de los innovadores y sorprendido e incluso indignado a muchos de los antiguos, se supo que había hablado otra vez. Contaban que había dicho:
-Es bueno que el hombre tenga dos piernas, porque ponerse cabeza abajo no favorece la salud. Además, cuando se incorpora el que estuvo cabeza abajo el mundo se le representa doblemente más hermoso que antes.
Estas palabras del maestro escandalizaron a los jóvenes antipodistas, que se sintieron traicionados o burlados, y también a los mandarines.
-Tal día dice Meng Hsie tal cosa, y al día siguiente dice lo contrario -comentaban los mandarines-. Es imposible que ambas sean verdaderas. ¿Quién hace caso del anciano cuando le flaquea el entendimiento?
Algunos fueron a contarle al maestro lo que decían de él tanto los innovadores como los mandarines. Él se limitó a reír. Y como sus seguidores le demandaran una explicación, dijo:
-La realidad existe, pequeños míos, y ésa es incontrovertible. Verdades, en cambio, es decir, opiniones acerca de la realidad expresadas mediante palabras, hay muchas, y todas ellas son tan verdaderas como falsas.
Y por mucho que insistieron, los discípulos no consiguieron sacarle una palabra más.

domingo, 9 de enero de 2011

Cheescake de Mango


El mango es una fruta muy rica en vitaminas C y A. Es, asimismo, antioxidante y, gracias a su riqueza de flavonoides, ejerce una función anticancerígena. También contiene vitaminas del grupo B que, entre otras cosas, ayudan a mantener sanos el cabello y la piel. Por otra parte, al presentar triptófano -un aminoacido con propiedades relajantes- favorece la producción de serotonina (la hormona de la felicidad). Vaya pues, lo único que resta decir es que, puesto el mango en este plan llamado cheescake, engorda. Y sí.

La masa: 1 taza de harina, 1/4 taza de azúcar, 100 gramos de manteca, 2 yemas de huevo y ralladura de limón.
En un bol ponemos la manteca fría y el azúcar. Con la ayuda de un tenedor pisamos hasta conseguir una pasta cremosa. Luego agregamos las dos yemas, la rayadura de limón y por último la harina. Mezclamos bien y cuando tengamos una masa homogénea y suave, la llevamos a la heladera por una hora o un poco más. Luego la estiramos sobre una tartera enmantecada y horneamos por 10 o 15 minutos, hasta que esté sequita. Reservamos.

El relleno: 2 mangos, 300 gramos de queso crema (que puede ser Philadelphia o algún otro entero), 250 de crema de leche, 3/4 taza de azúcar, 1 sobrecito de gelatina sin sabor (1 y 1/2 para la gente insegura) y 4 cucharadas de jugo limón.
Pelamos los mangos, los cortamos en cubos (reservando algunas tajadas para decorar), agregamos 1/2 taza de azúcar y el jugo del limón. Procesamos hasta convertir en puré.
Disolvemos la gelatina en 1/2 taza de agua fría y mezclamos con la pulpa de mango. Volcamos en una ollita  esta preparación y calentamos a baño maría por 5 minutos (que caliente pero no hierva). Quitamos del fuego y dejamos entibiar. Aparte, batimos uno o dos minutos la crema con 1/4 taza de azúcar (sin llegar a chantilli) y reservamos.
Revolvemos el queso crema con la pulpa de mango (ya fría o tibia) y luego agregamos la crema semi batida. Volvemos a mezclar suavemente y volcamos sobre la masa. Llevamos a la heladera por, al menos, cuatro horas. Antes de servir, podemos cubrir la tarta con crema sin batir y unas rodajas de mango al natural o mango almibarado. Para ello poner a hervir 2/3 taza de agua, 1/2 de azúcar, unas gotas de limón y unos trozos de mangos por unos cuantos minutos (hasta que llegue al punto almibar).


Si no tienen deseos de engordar por culpa de un cheescake, entonces les recomiendo comer un mango a mordiscos. En mi humilde opinión, de todas las frutas tropicales, el mango es la más deliciosa.
Y como estamos en el tema, los dejo con el cuento "Canibalismo" del ya fallecido autor colombiano Luis Andrés Caicedo Estela. Que lo disfruten:

Hay varias maneras de comerse a una persona. Empezando porque debe ser diferente comerse a una mujer que comerse a un hombre. Yo he visto comer hombres, pero no mujeres. No se si me gustara ver comer a una mujer alguna vez. Debe ser muy diferente. Lo que yo por mi parte conozco, son tres maneras de comerse a un hombre. Se puede partir en seis pedazos a la persona: cabeza, tronco, brazos, pelvis, muslos, piernas, incluyendo, claro está, manos y pies. Sé que hay personas que parten a la persona en ocho pedazos, ya que les gusta sacar también las rodillas, el hueso redondo de las rodillas, recubierto con la única porción de carne roja que tiene el ser humano. La otra forma que conozco es comerse a la persona entera, así nomás, a mordiscos lentos, comer un día hasta hartarse y meter el cuerpo al refrigerador y sacarlo al otro día para el desayuno, así. Como comerse un mango a mordiscos. Porque yo puedo decir que a mí antes me gustaba muchísmo el mango verde, y después vino esa moda de partir el mango en pedacitos y fue apenas hace como una semana que me vine a dar cuenta que los mangos verdes me habían venido a gustar menos y supe también que era porque me los comía partidos, así que seguí comprándolos enteros, comiéndolos a mordiscos, y me han vuelto a gustar casi tanto como cuando estaba chiquito. Eso mismo debe pasar con los cuerpos. La persona que ya lleva siglos comiéndolos tiene que darse las maneras de variar el plato para no aburrirse, porque si no cómo hacen. Yo no se si ustedes leyeron la otra vez en la prensa que habían encontrado el cuerpo de un coronel retirado, metido en una chuspa de papel y amarrado con cabuya, lo que dijeron fue que lo habían encontrado por el Club Campestre, y que había expectación por el extraño estado en que se había hallado el cuerpo. Era un coronel Rodriguez, un tipo ni flaco ni gordo, de bigotico, y con una chucha que arrasaba. Claro que los periódicos nunca dijeron en que consistía ese "extraño estado en que se había hallado el cuerpo", pero como yo estoy al tanto de las cosas yo sé que el cuerpo ese lo que estaba era todo mordido. No se lo acabaron de todo porque mi coronel ya tenia 52, allí fue cuando se dieron cuenta que no había como la carne de gente joven, fresca. Los ojos, por ejemplo, que dizque son lo más exquisito, dicen que cuando la persona pasa de los 35, se endurecen y se agrian, ya no vale la pena comerlos.

jueves, 25 de noviembre de 2010

Postre de vainillas al oporto


Cerramos este difícil y atareado mes de noviembre con una receta fácil y escueta: el postre de los "restos". Lleva restos de vainilla o bizcochuelo, restos de algún vino dulce -y hasta ajerezado- la crema que no terminamos de usar  el día que hicimos salsa rosa (no vencida), lo que quedó en el fondo de algún frasco de cerezas al marrasquino, más los restos de la voluntad de una que, casi llegando a fin de año, hablar de tenerla -aunque escasamente- significa que tan mal no terminará la cosa. Entonces,  cubrimos la base de una tartera o molde con vainillas o pedacitos de bizcochuelo bien embabidas en oporto o mistela (bien chorreadas).  Si no queremos usar alcohol, podemos hacer un almibar de limón: por cada tercio de azúcar, dos de agua, unas gotas de limón y ralladura; llevamos al fuego y dejamos reducir hasta punto almibar.  Agregamos por encima crema de leche apenas batida con muy poco azúcar -para que no resulte empalagoso-, luego ponemos otra capa de vainillas embebidas en almibar u oporto y así hasta que se nos terminen los restos. Decoramos con unas cerezas al marrasquino y dejamos estacionar en la heladera un buen rato para que los sabores se asienten. Y ya está.

A falta de tiempo para hacer una receta más elaborada y de escibirla con esmero y dedicación, cierro este post con una curiosa  y divertida anéctoda:
Arthur Conan Doyle, el célebre creador del personaje de Sherlock Holmes, viajó en una ocasión a Suiza. Al llegar a Zurich se montó en taxi, y una vez llegó a su destino el taxista le comentó que no le cobraría, pero que por favor le dedicara un libro. Conan Doyle, sorprendido, le preguntó al taxista que cómo sabía que era escritor, a lo que el taxista le respondió: Eso es muy fácil. Está usted en Zurich, pero sus zapatos están cubiertos de un polvo que no es de Zurich. Por el diseño de los zapatos, veo que son ingleses. Luego, es polvo inglés. Tiene una mancha de tinta en los dedos, luego, es usted escritor y escritor británico. Alucinado, Conan Doyle le respondió: “Es ud. más listo que Sherlock Holmes”. A esto el taxista le contestó: “Sí señor, además en sus maletas está escrito claramente Arthur Conan Doyle”.

domingo, 27 de junio de 2010

Cómo hacer LA torta de cumpleaños


A todos nos toca, al menos una vez en la vida, tomar la responsabilidad de hacer LA torta de cumpleaños familiar. No hay ser humano que no caiga en la tentación de  estar a solas en una cocina para sumergirse, por lo menos por 2 horas, en el universo repostero donde  no hay nada que esté prohibido. Recomiendo hacer esta receta a los melancólicos, dado que la causa de este trastorno proviene de los bajos niveles de glucemia en la sangre. Entre paso y paso, cucharada mediante, las endorfinas saldrán disparadas de forma en que el mundo se les presentará, por un rato, favorable.

Para organizarme (psicológica y físicamente), lo que yo hago ponerme la vincha, tener todo lo que necesito a la vista  (olvidarse de comprar chocolate o dulce de leche resultaría fatal para esta experiencia), apagar el teléfono, hacer mate o café, y decir, manos a la obra.

Lo que lleva: 1 caja de bizcochuelo (para lo cual necesitan 3 huevos, 220 cm3 de leche); 150 gramos de chocolate semiamargo o chocolate blanco, medio kilo de dulce de leche, 250 cm3 de crema de leche. Para humedecer la torta, almíbar (va la receta), moscato o mistela.

Hacemos un bizcochuelo de cajita. Para que salga parejo hay que encender el horno a fuego mediano un rato antes de empezar a cocinar. También hay que chequear que la rejilla donde irá el molde, esté lo más alineada posible. Cuando el bizcochuelo esté listo y frío, pasamos a lo que más nos interesa, que es el relleno. Como todos sabemos, cuánto más húmeda nos quede la torta, más halagos recibirá. Digamos que el éxito depende de ello.

Así que deben proveerse de moscato, mistela o almibar. Hacer almíbar es muy fácil: ponen a calentar en un jarrito una taza de agua, una de azúcar, medio limón exprimido y una cascarita. Dejen hervir un buen rato hasta que tenga la consistencia adecuada. Dividimos el bizcochuelo en tres partes, lo más prolijo posible. Humedecemos bastante la base con el almíbar (o el moscato), luego agregamos el dulce de leche (el medio kilo o lo que quede).

Ponemos la segunda capa, volvemos a humedecer y agregamos la crema batida (recomiendo hacerlo un rato antes y con dos o tres cucharadas de azúcar nada más, para que no quede empalagoso). Ponemos la tercer y última capa y echamos todo lo que nos quede de almibar. Para hacer la cubierta tenemos que derretir chocolate semiamargo o chocolate blanco a baño maría con un chorro de crema de leche. Bañamos el bizcochuelo con imaginación y -colorante mediante- creatividad. Celeste y blanca, garantía de éxito. Por lo menos por hoy.

lunes, 21 de junio de 2010

Mousse de mango


¡Se vino la serie de las mousses! Empezamos por la de té verde, seguimos por la de mango y continuaremos por la mousse pad. Es que tengo que rendir una materia y ando perdida como turca en la neblina, como  corcho sobre el agua, echando sapos y culebras, comiéndome los codos, la cabeza me yerbe, y al que me interrumpa para decir que no quiere caldo, tres tazas llenas!

Para que esta receta quede bien sabrosa hay que ponerle bastante mango. Si quieren hacer 4 porciones deberán proveerse de 4 mangos, jugo de ½ limón, azúcar, 250 cm3 de crema (o queso blanco, aunque con esta última opción les saldrá un poquito salao) y 2 cucharadas soperas de gelatina sin sabor. Batimos la crema con una o dos cucharadas de azúcar. Pelamos los mangos, retiramos la pulpa y procesamos con el jugo de medio limón y azúcar (a piacere). A este batido agregamos 3 cucharadas de gelatina sin sabor disueltas en un poquito de agua fría o tibia. Revolvemos bien y luego incorporamos suavemente la crema. Metemos en moldecitos y a la heladera por un par de horas. Más que una delicia, una delicia más.  ¡Adelante con los faroles!

jueves, 17 de junio de 2010

Mousse de té verde


Esta receta es una versión sencilla de una de mousse que hace un cheff oriental, que más que cocinero, es un artista (y ya perdí el link, así que no les puedo señalar la foto). Yo hice un intento y por supuesto no seguí la receta al pie de la letra. Supongo que por ese motivo a mí no me quedó tan proporcionada. Para hacer 4 postrecitos necesitamos: 1 cucharada de matcha de té verde disuelto en 3 cucharadas de agua caliente (plan B: hacer un té verde fuerte en 3 o 4 cucharadas de agua caliente... a lo simple), jugo y ralladura de medio limón, 2 cucharadas de gelatina sin sabor disueltas en cuatro de agua caliente, 2 yemas de huevo, 2 claras, 200 gramos de queso blanco tipo philadelphia, 50 gramos de azúcar y un fragmento de pionono o una base hecha con galletitas y manteca.

Mezclamos el té con el medio limón exprimido. Cuando entibie agregamos la gelatina sin sabor y mezclamos.  Batimos las yemas con el azúcar hasta el punto letra, juntamos con el queso crema y la preparación del té.  Revolvemos bien. Por último, agregamos suavemente las claras batidas a punto nieve. 
Antes de meter en un molde, nos conviene hacer una base de pionono, como para que el asunto se sostenga. Y luego, una tapa, como para poderle pintar algo verde encima, ya que la mousse, por más que de té verde es, verde no queda. La mousse que hizo este cheff es una obra maestra, pero bueno, usó colorante. Así cualquiera.
Me despido de ustedes con un maravilloso cuento japonés.  Hasta la vista.

Cuerpo de mujer
De Ryunosuke Akutagawa 

Una noche de verano un chino llamado Yang despertó de pronto a causa del insoportable calor. Tumbado boca abajo, la cabeza entre las manos, se había entregado a hilvanar fogosas fantasías cuando se percató de que había un pulga avanzando por el borde de la cama. En la penumbra de la habitación la vio arrastrar su diminuto lomo fulgurando como polvo de plata rumbo al hombro de su mujer que dormía a su lado. Desnuda, yacía profundamente dormida, y oyó que respiraba dulcemente, la cabeza y el cuerpo volteados hacia su lado.
Observando el avance indolente de la pulga, Yang reflexionó sobre la realidad de aquellas criaturas. "Una pulga necesita una hora para llegar a un sitio que está a dos o tres pasos nuestros, aparte de que todo su espacio se reduce a una cama. Muy tediosa sería mi vida de haber nacido pulga..."
Dominado por estos pensamientos, su conciencia se empezó a oscurecer lentamente y, sin darse cuenta, acabó hundiéndose en el profundo abismo de un extraño trance que no era ni sueño ni realidad. Imperceptiblemente, justo cuando se sintió despierto, vio, asombrado, que su alma había penetrado el cuerpo de la pulga que durante todo aquel tiempo avanzaba sin prisa por la cama, guiada por un acre olor a sudor. Aquello, en cambio, no era lo único que lo confundía, pese a ser una situación tan misteriosa que no conseguía salir de su asombro.
En el camino se alzaba una encumbrada montaña cuya forma más o menos redondeada aparecía suspendida de su cima como una estalactita, alzándose más allá de la vista y descendiendo hacia la cama donde se encontraba. La base medio redonda de la montaña, contigua a la cama, tenía el aspecto de una granada tan encendida que daba la impresión de contener fuego almacenado en su seno. Salvo esta base, el resto de la armoniosa montaña era blancuzco, compuesto de la masa nívea de una sustancia grasa, tierna y pulida. La vasta superficie de la montaña bañada en luz despedía un lustre ligeramente ambarino que se curvaba hacia el cielo como un arco de belleza exquisita, a la par que su ladera oscura refulgía como una nieve azulada bajo la luz de la luna.
Los ojos abiertos de par en par, Yang fijó la mirada atónita en aquella montaña de inusitada belleza. Pero cuál no sería su asombro al comprobar que la montaña era uno de los pechos de su mujer. Poniendo a un lado el amor, el odio y el deseo carnal, Yang contempló aquel pecho enorme que parecía una montaña de marfil. En el colmo de la admiración permaneció un largo rato petrificado y como aturdido ante aquella imagen irresistible, ajeno por completo al acre olor a sudor. No se había dado cuenta, hasta volverse una pulga, de la belleza aparente de su mujer. Tampoco se puede limitar un hombre de temperamento artístico a la belleza aparente de una mujer y contemplarla azorado como hizo la pulga. 

viernes, 28 de mayo de 2010

Cheescake de chocolate


Según Carlos Arguiñano, la mejor dieta para bajar de peso es la CLM (comer la mitad). Festejando esta novedad, posteo la última bomba de mayo: tarta de queso y chocolate. No es necesario mirar la foto dos veces para darse cuenta que hay (¡ay!) colesterol. Pero podemos preparar tartas pequeñas o hacer una grande y convidar a varios. Como dijo Baltazar Gracián, “lo bueno, si breve, dos veces bueno, y aún lo malo, si breve, no tan malo”.
Para la masa: 300 gramos de galletitas dulces (de limón, vainilla o canela) y 100 gramos de manteca blanda.

Para el relleno y cobertura: 250 cm3 de crema de leche, 400 gramos de queso crema, 150 gramos de chocolate semi amargo, 3 huevos, media taza de azúcar.



Y la receta: trituramos las galletitas hasta que se forme una harina. Agregamos la manteca y amasamos bien hasta formar una pasta lisa. Forramos con ella un molde, presionamos bien con los dedos y guardamos en la heladera por una hora aproximadamente.
Batimos los huevos con 3 o 4 cucharadas de azúcar. Aparte, batimos la mitad del tarro de crema con 5 o 6 cucharadas de azúcar por un minuto, agregamos el queso crema y batimos dos minutos más. Ponemos a derretir el chocolate a baño maría con la mitad de la crema que nos queda. Juntamos los huevos batidos con la mezcla de la crema y el queso y revolvemos. Cuando el chocolate esté derretido (y tibio) agregamos a la preparación anterior y mezclamos bien. Rellenamos el molde. Horneamos por 45 o 50 minutos. Si queremos que nos salga húmedo, nos conviene hacerlo en el horno a baño maría: poner el molde sobre una fuente con agua y taparlo con papel aluminio. Apagamos el horno y dejamos enfriar. Por encima podemos bañarlo con la crema que nos queda apenas batida o fundir con ella más chocolate a baño maría. Siguiendo con el consejo de Arguiñano yo les recomendaría que si no la van a llevar a la casa de nadie, la escondan en el freezer... siempre y cuando no les gusten las tortas congeladas.

miércoles, 19 de mayo de 2010

Manzana asada


Persistiendo con mi línea de recetas básicas, va la de manzana asada. Debe debe ser la más fácil de todas las recetas básicas que andan dando vueltas por ahí (y por aquí). Es decir, la que no necesita ser explicada. Es, más bien, una idea que les doy para cuando se cansen de ver esas manzanas en el medio de una mesa y no sepan qué hacer con ellas. ¿Vieron cómo aguantan las manzanas?
Bien podría resumir e ir derecho al procedimiento (e incluso, evitarlo), pero necesito pasar dos fotos y para ello he de incluir más de texto. Debo demostrar que, además de tener ganas de sacarle una foto a una cosa redondita con un ojo, sigue habiendo contenido en Con el tenedor en la mano.



Bueno, ahí va: cortamos la manzana por arriba (¿hola?), con una cuchara quitamos el centro y las semillas, rellenamos con azúcar y vino blanco. Podemos poner alguna cosilla por ahí en el centro que sea capaz de flotar (el azúcar, el vino y el jugo de manzanas se convertirán con el calor en una especie de gelatina): puede ser una almendra, una nuez o un muñequito de chocolate Jack. Llevamos al horno por unos quince o veinte minutos y listo. Con crema batida pasa a ser de un elemento decorativo, a un postre. Fin.

domingo, 25 de abril de 2010

Crema Catalana


Si nos siguen sobrando yemas y esto de aprovecharlas para hacer mayonesa no funciona (la receta que postée hace poco es una bomba, me quedo con la hellmans toda la vida) podemos hacer un postre altamente nutritivo, fácil y delicioso: crema catalana.
Para 4 porciones necesitamos 3 yemas, ½ litro de leche, 75 gramos de azúcar, 1 rama de canela y 1 cascarita de limón. Batimos las yemas con el azúcar hasta el punto letra. Aparte, ponemos a calentar la leche con la canela y la cascarita de limón. Cuando rompe el hervor, retiramos del fuego y descartamos la cascarita y la canela. Dejamos entibiar y sumamos las yemas batidas. Llevamos otra vez al fuego revolviendo siempre con una cuchara de madera. Verán que la crema se espesa.  Antes de que hierva, la apagan, la meten en moldecitos y a la heladera. Luego de un par de horas -o cuando cuaje- espolvoreamos con azúcar e intentamos sellar al rojo vivo (hacer un caramelo del azúcar de la superficie). Yo traté hacerlo con un tenedor al rojo vivo y más luego con un encendedor pero no he tenido éxito. A ver si les sale a ustedes.
Me despido con un microcuento del autor argentino, residente en Barcelona, Carlos Vitale:

IL PENSIERO DEBOLE
Una vez encima de las torres de la Sagrada Familia no encontrábamos a Peppino. Bajamos preocupados, pero ocurrió que no había subido porque se le había terminado la cinta de la cámara, y si no lo podía filmar ¿para qué quería verlo?

miércoles, 31 de marzo de 2010

Ate membrillo o Ate guayaba

 

Esta receta también es mexicana. Hervir tres o cuatro membrillos o guayabas cortados en cuartos (sin quitar el cabo ni las semillas) en bastante agua. Cuando estén tiernos, los retiramos del fuego y los dejamos entibiar. Luego los colamos, quitamos la pulpa y hacemos un puré. Si nos queda una taza de puré de membrillo o guayaba, añadimos una taza de azúcar (o menos, esto va a conciencia de cada panza). Llevamos al fuego durante media hora y revolvemos con cuchara de madera para que no se pegue. Lo metemos en un moldecito y a la heladera. Dejar reposar bastante tiempo y desenmoldar. Se puede servir acompañado de queso. Nadie los quiere engañar: también lo pueden llamar queso y dulce o vigilante.
Y como nos trasladamos desde México hasta la República Oriental del Uruguay, terminamos esta receta con el maravilloso microcuento del escritor uruguayo, Orlando Enrique Van Bredam:
URDIMBRE
—¿Tu marido es celoso? —preguntó él.
—Sí. Mi marido es el oso que viene ahí -respondió ella.

domingo, 28 de marzo de 2010

Arroz con leche vía México


El arroz con leche fue traído a nuestro continente por los conquistadores y, que a su vez, lo habían asimilado de otros conquistadores, los árabes. Fueron ellos quienes llevaron a España el azúcar, el arroz, la canela y toda esa gran cultura gastronómica que tan claramente se percibe en la península ibérica y en los países centrales y tropicales de América. Dando vuelta la página a esta publicación de billiken, pasamos a lo nuestro.


En una olla hervimos una taza de arroz con dos de agua y una rama de canela. El arroz que mejor le va a esta receta es el doble carolina, pero como todos sabemos, mientras sea arroz y no lentejas, todo está bien. Cuando el agua se evapore y el arroz esté cocido, agregamos dos tazas de leche con una yema batida y disuelta, azúcar a piacere y cáscara de limón cortada finita. Cocinamos diez o quince minutos más, apagamos y a la heladera. Esta es la receta básica. Ustedes pueden personalizarlo como más les plazca. Pueden agregar pasas rubias, canela en polvo, nueces o almendras picadas, crema de leche, esencia de vainilla y/o leche condensada. Cada uno encontrará su mejor versión. Fin de la receta de un postre tan suspirado por las chicas que se quieren casar vía México.

sábado, 20 de marzo de 2010

Mousse de MOMIA

 

Santa Rita se reporta luego de un largo silencio para presentarles esta exótica mousse de momia. Si el título les resulta excesivo, pueden cambiárselo por cualquier otra gansada. Terriblemente fácil y sabroso. Para cuatro momias fresquitas: 200 gramos de queso crema (o queso blanco), 2 claras batidas a nieve, 3 o 4 cucharadas de azúcar y 1 cucharada de gelatina sin sabor remojada en 2 de agua caliente. Para decorar, cascaritas de limón en almíbar y chocolate blanco. Mmmm... y esencia de mumya. Cuando las clara estén a punto nieve, agregar el azúcar y seguir batiendo hasta punto merengue. Agregamos el queso y la gelatina disuelta. Mezclamos despacio tratando que las claras no se bajen. Llevamos a recipientes individuales y luego a la heladera. Desmoldamos y decoramos con cascaritas de limón en almibar y chocolate blanco.
Para hacer las cascaritas de limón: en una olla chiquita metemos un cuarto de taza de azúcar, un cuarto de taza de agua y unas gotas de limón. Cuando el agua hierva tiramos tiritas de cáscara de limón. Dejamos evaporar el agua hasta que se convierta en almíbar. Y cataplún.
Los dejo en compañía de un microcuento de MOMIAS:

ÖTZI
(autor desconocido. Fuente: El cajón deSastre)

Ötzi es el nombre dado a la momia encontrada en los Alpes y que pertenece a un hombre que vivió hace 5300 años (año arriba o abajo). Os pongo uno de los resultados del examen forense a que está siendo sometido.
"Las muestras de tejido pulmonar señalan que tenia un estado fuertemente antracótico, es decir, tenia los pulmones de un fumador empedernido"
También hay pruebas de que murió por las heridas recibidas en una pelea.

domingo, 21 de febrero de 2010

Islote Es Vedrà

 

Para la gente que cree en los duendes de Es Vedrà, ese islote al sur de Ibiza que completa el famoso “Triangulo del Silencio” y para quienes además de creer han puesto un pie sobre la roca mágica de esta isla, vamos a postear la receta de un postre que no es flan, ni tarantela, ni zinganella ni isla flotante. Es, como bien dice el título… (mejor ni lo repito).
Para hacer el triángulo de los tres (o cuatro) islotes, necesitamos: moldes individuales o un molde mediano, ½ litro de leche, una rama de canela, unas gotas de esencia de vainilla, 1 taza de puré de zapallo dulce, 3 cucharadas de maicena, 2 huevos y azúcar. Ponemos a calentar la leche con la rama de canela y las gotas de vainilla. Dejamos hervir un par de minutos y apagamos el fuego. Separamos las claras de las yemas. Batimos las claras a punto nieve  recordando que si les ponemos una pizca de sal quedan más resistentes. En otro recipiente batimos las yemas con el azúcar hasta el punto letra. Le agregamos el puré de zapallo y 4 cucharadas de maicena (despacio para que no se agrume). Cuando la leche esté tibia, agregamos a la preparación de yemas y zapallo. Después añadimos las claras batidas a nieve, procurando que no se desinflen. Poner azúcar en moldes individuales (o en el molde) y caramelizar sobre la hornalla. Retiramos del fuego. Agregamos en los moldes nuestra preparación y cocinamos a baño maría (me refiero a que tienen que poner una olla con agua hasta la mitad y cuando el agua hierve, meter el molde y dejar cocinar en la olla semidestapada). En 20 minutos o media hora, apagamos el fuego. Recién cuando esté tibio, lo guardamos en la heladera. A las dos o tres horas ya se podrá desmoldar. 

Volviendo al tema que nos compete: los (des) afortunados que han conocido Ibiza (entre los cuales no me en-cuentro) dicen que llegar ahí es casi imposible. Y los que logran poner un pie sobre la roca mágica de Es Vedrà, retornan a su tierra alterados. Algunos dicen haber visto objetos no identificados por el cielo y otros dicen haber hablado con gente que desaparecía de imprevisto. Están también los que cuentan que una luz mágica los envolvió y transportó hasta otro planeta para luego devolverlos a éste con la sospecha de haber sido metamorfoseados. Da impresión, no? Y todo gracias a una roca metamórfica. Como verán en esta foto, la roca en cuestión está representada por una nuez. Y les cuento que si la meten en el molde mientras se hace el caramelo, queda bárbara.

PS: Aunque muchos de ustedes no lo sepan, en González Catán tenemos nuestra ciudad mágica: Campanópolis. Algunos dicen que Campanópolis es una isla, pero yo no estoy de acuerdo porque para mí las villas miserias no son agua. Sea como fuere, he tenido la suerte de estar trabajando varios días en esa aldea construída por Antonio Campana -que no es el dueño de la Campagnola como por equivocación anduve repartiendo por ahí-, y puedo asegurar que si bien no he visto fantasmas, ni fui transferida a ningún lugar más lejano que a una motorhome, la ciudadela a las tres de la mañana tiene vida propia. Para contarles alguna anéctota tendré que esperar a que una de mis recetas esté a la altura de las circunstancias.

martes, 26 de enero de 2010

Tirar mi sú


Luego del éxito que tuvo el cheesecake de navidad, decidí probar suerte con otro de mis postres favoritos: el tiramisú. Como no conseguía queso mascarpone cerca de casa, me dispuse a hacer varios experimentos. Perdí un montón de plata y horas pero al final salió (sic). Hice el tiramisú bien como explica la Maru Botana e incluso lo dejé un día en la heladera. El 31 de diciembre ahí estábamos el Tirar mi sú y mi enaltecida persona en la cena familiar. 
Visto desde arriba, estaba precioso. Pero cuando lo corté y lo serví en los platos, el mascarpone menguó, se derritió, se licuó... no sin antes mandarles saludos a todos. Estaba bien de sabor, pero esa espuma que resbalaba lentamente por el plato nos causó un poco de impresión. Como era de esperarse, el Tirar mi sú terminó en el tacho de basura. Con la moral del mascarpone casero y la obstinación que me caracteriza, volví a la carga pero con una versión nueva: fácil, sana y saludable (bingo para este blog).
Asi que les paso la receta mágica de un postre que es delicioso, se prepara en unos pocos minutos y te canta el himno nacional. Proporciones no paso porque cada uno sabe cuánto quiere hacer.
Embeber vainillas en cognac al café (que puede ser una petaca de cognac al café Bols). Las vainillas tienen que estar chorreando de cognac. Ponemos una capa en un molde, vaso o recipiente para postre. Por otro lado, mezclamos queso casancrem (light o normal) con una cucharadita de canela en polvo o ralladura de limón. Revolvemos poco y muy suavemente para que el queso no pierda consistencia. Ponemos una capa de esta crema encima de las vainillas, esparcimos unas nueces picadas y algunas pasas rubias (previamente maceradas en cognac); luego otra capa de vainillas bien mojadas, otra de queso crema, otra de nueces... y así hasta completar. Espolvoreamos con canela o cacao amargo. No saben lo bueno que queda este tiramisú. ¡Y lo respetuoso!

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