domingo, 25 de abril de 2010

Crema Catalana


Si nos siguen sobrando yemas y esto de aprovecharlas para hacer mayonesa no funciona (la receta que postée hace poco es una bomba, me quedo con la hellmans toda la vida) podemos hacer un postre altamente nutritivo, fácil y delicioso: crema catalana.
Para 4 porciones necesitamos 3 yemas, ½ litro de leche, 75 gramos de azúcar, 1 rama de canela y 1 cascarita de limón. Batimos las yemas con el azúcar hasta el punto letra. Aparte, ponemos a calentar la leche con la canela y la cascarita de limón. Cuando rompe el hervor, retiramos del fuego y descartamos la cascarita y la canela. Dejamos entibiar y sumamos las yemas batidas. Llevamos otra vez al fuego revolviendo siempre con una cuchara de madera. Verán que la crema se espesa.  Antes de que hierva, la apagan, la meten en moldecitos y a la heladera. Luego de un par de horas -o cuando cuaje- espolvoreamos con azúcar e intentamos sellar al rojo vivo (hacer un caramelo del azúcar de la superficie). Yo traté hacerlo con un tenedor al rojo vivo y más luego con un encendedor pero no he tenido éxito. A ver si les sale a ustedes.
Me despido con un microcuento del autor argentino, residente en Barcelona, Carlos Vitale:

IL PENSIERO DEBOLE
Una vez encima de las torres de la Sagrada Familia no encontrábamos a Peppino. Bajamos preocupados, pero ocurrió que no había subido porque se le había terminado la cinta de la cámara, y si no lo podía filmar ¿para qué quería verlo?

domingo, 18 de abril de 2010

Cazuela helada


Esto que ven en la foto es mi primer intento de hacer cazuela helada para gazpacho. La receta la robé de una página española que descubrí hace unos días y donde tienen unas recetas y fotos maravillosas. No sólo son la envidia de cualquier cocinero, sino también la de cualquier fotógrafo. La página se llama webosfritos, (le pegaron hasta en el nombre) y la pueden encontrar clickeando sobre la palabra. Ahora, tengo que criticarles algo desde mi más sincera envidia: ese cuenco hermoso se derrite a los cinco minutos de sacarlo del freezer. Es decir, es tan solo efímera contemplación de los humildes. La receta del cuenco está en la página de webos fritos pero igual  les cuento brevemente cómo se hace:


Primero: necesitamos dos cazuelas o bols de forma igual o parecida. Lo mejor es que sea uno más grande y otro más chico. Si no, dos iguales. En el fondo de la cazuela más grande (o la que va abajo), poner unas hojas de orégano, menta, perejil, o cualquier hierba comestible. Se trata de hacer un piso de hielo para poder luego sumar la otra cazuela encima. Cuando el fondo está helado, forramos los laterales con más hojas de hierbas, o alguna planta, granos de pimienta o flores. Colocamos la segunda cazuela encima y agregamos agua por los costados para completar sin que llegue a rebalsar. Llevamos al freezer unas cuantas horas. Luego lo sacamos y dejamos a temperatura ambiente un rato (o frotamos los dos cuencos con un repasador con agua caliente) para poder despegar las cazuelas. Cuando se despegue, pasamos el dedo por los bordes para darle forma más prolija y después lo volvemos a meter en una bolsa de nylon hasta que lo vayamos a usar, necesitar o simplemente admirar. Debería pasar la receta del gazpacho, pero la voy a dejar para cuando me salga una foto más agraciada.
Me despido de ustedes entre gotas de agua provenientes del deshielo de mi hermoso cuenco:

Julio Cortázar. Aplastamiento de las gotas
Yo no sé, mira, es terrible cómo llueve. Llueve todo el tiempo, afuera tupido y gris, aquí contra el balcón con goterones cuajados y duros, que hacen plaf y se aplastan como bofetadas uno detrás de otro, qué hastío. Ahora aparece una gotita en lo alto del marco de la ventana; se queda temblequeando contra el cielo que la triza en mil brillos apagados, va creciendo y se tambalea, ya va a caer y no se cae, todavía no se cae. Está prendida con todas las uñas, no quiere caerse y se la ve que se agarra con los dientes, mientras le crece la barriga; ya es una gotaza que cuelga majestuosa, y de pronto zup, ahí va, plaf, deshecha, nada, una viscosidad en el mármol.
Pero las hay que se suicidan y se entregan enseguida, brotan en el marco y ahí mismo se tiran; me parece ver la vibración del salto, sus piernitas desprendiéndose y el grito que las emborracha en esa nada del caer y aniquilarse. Tristes gotas, redondas inocentes gotas. Adiós gotas. Adiós.

Paté de aceitunas verdes


Freímos media cebolla y medio diente de ajo en aceite de oliva. Luego los procesamos con aproximadamente 200 gramos de aceitunas verdes descarozadas. Las aceitunas ya son bastante saladas, por lo que no conviene salar. Agregar pimienta y, si tenemos, unas hojas de albahaca. 
Podemos agregar media cucharada de gelatina sin sabor disuelta en una cucharada de agua. La metemos en un molde y a la heladera por un par de horas.

Paté de aceitunas negras


Bueno, esta receta es muy parecida a la anterior pero sepan que es otro post. Se empieza como haciendo el paté de aceitunas verdes pero se termina como realizando el de aceitunas negras. Es decir, parecen hermanos pero no lo son. Entonces: freimos media cebolla y medio diente de ajo en aceite de oliva. Cuando están dorados los procesamos junto con 100 gramos de aceitunas negras descarozadas. Para darle un toque especial, agregamos también un filete de anchoas.
Mezclamos bien, pimentamos y, si tenemos, echamos un chorrito de crema de leche para que quede un poco más suave. Para que les quede cuadradito así como en la foto necesitamos un molde forrado en papel film, metemos la pasta y a la heladera un rato. Si a la pasta agregamos media cucharada de gelatina sin sabor disuelta en un poquito de agua caliente, queda más firme. Aunque yo tengo la teoría que la gelatina sin sabor mantiene las formas pero quita el sabor, cosa que no se si será cierta o una fantasía mía. Llevamos a la heladera.

viernes, 9 de abril de 2010

Budín, pescau...


Este budín puede contener, además de arroz y atún, una mezcolanza de cosas que, o bien nos gustan, o nos quedan en la heladera. Para hacerla altamente nutritiva yo la hago así: cocinamos media taza de arroz con una taza de agua (como indican las instrucciones de la caja). Mientras tanto, abrimos una lata de atún, le agregamos limón, sal y un poco de aceite de oliva. Lo desmenuzamos bien. Agregamos también medio tomate cortado chiquito, aceitunas y una mayonesa hecha a base de puré de paltas, limón, queso blanco y mayonesa (o mayonesa solamente, a conciencia). Si quieren, también pickes. Cuando el arroz esté cocido, colado y frío, se lo agregamos a la preparación anterior. Revolvemos bien hasta que quede una pasteta, metemos en un molde y a la heladera un buen rato como para que se solidifique.

El atún y la salud:
El atún contiene grandes cantidades de ácidos grasos omega 3, que son muy buenos para el corazón, el desempeño neural y de las articulaciones.  También ayudan a prevenir la trombosis y arteriosclerosis y mejoran las funciones cerebrales de las personas adultas. Reducen la presión sanguinea y también los niveles de colesterol malo en la sangre.
Nadie vivirá por siempre solo por comer atún pero seguro les ayudará a vivir mejor. Con este consejo y este cuento damos terminada la receta:

James George Frazer. Vivir para siempre.
Otro relato, recogido cerca de Oldenburg, en el Ducado de Holstein, trata de una dama que comía y bebía alegremente y tenía cuanto puede anhelar el corazón, y que deseó vivir para siempre. En los primeros cien años todo fue bien, pero después empezó a encogerse y arrugarse, hasta que no pudo andar, ni estar de pie, ni comer ni beber. Pero tampoco podía morir. Al principio la alimentaban como si fuera una niñita, pero llegó a ser tan diminuta que la metieron en una botella de vidrio y la colgaron en la iglesia. Todavía está ahí, en la iglesia de Santa María, en Lübeck. Es del tamaño de una rata, y una vez al año se mueve.
James George Frazer - Balder the Beautiful, vol. 1 (1913)

Tarta de humita


Por allá por 1903, Angel Villoldo le hace conocer a un pianista y compositor amigo, José Roncallo, los compases que darían nacimiento al tango “El choclo”. Roncallo trabajaba en el restaurante "El americano", lugar que frecuentaba toda la crema de Buenos Aires y en donde estaba prohibido el tango por su caracter “prostibulario" y "pornográfico".  Como lo que escucha le interesa demasiado, le propone a Villoldo darle una vuelta para poder interpretarlo ahí. Disimulado bajo la forma de "danza criolla”, se presenta El Choclo  en "El americano", iniciando desde esa misma noche una larga carrera de éxito y popularidad. Al poco tiempo se descubre que verdaderamente "El choclo" era un tango, pero ya es tarde para dar marcha atrás.
La primera versión de la letra de Villoldo (1907) decía algo así como:
De un grano nace la planta que más tarde nos da el choclo/ por eso de la garganta dijo que estaba humilloso/ y yo como no soy otro, más que un tanguero de fama/ murmuro con alborozo está muy de la banana.
A la muerte de Villoldo, su amigo Marambio Catán, reescribe la letra: Vieja milonga que en mis horas de tristeza/ traes a mi mente tu recuerdo cariñoso/ y encadenándome a tus notas dulcemente/ siento que el alma se me encoge poco a poco.

Finalmente, en 1946, Enrique Santos Discépolo da la última versión: Con este tango que es burlón y compadrito/ se ató dos alas la ambición de mi suburbio/ con este tango nació el tango como un grito
salió del sórdido barrial buscando el cielo./ Conjuro extraño de un amor hecho cadencia/ que abrió caminos sin más ley que su esperanza./ Mezcla de rabia, de dolor, de fe, de ausencia/ llorando en la inocencia de un ritmo juguetón./ Por tu milagro de notas agoreras,/ nacieron sin pensarlo las paicas y las grelas,/ luna en los charcos, canyengue en las caderas / y un ansia fiera en la manera de querer.

¡Qué cabeza la mía, la receta de tarta de humita!
Para la masa batimos un huevo, agregamos sal, pimienta, un cuarto taza de aceite -o 100 gramos de manteca para que sea más rica y crocante-, dos cucharadas de agua fría, cuatro de vino blanco (o 6 de agua) y una taza y media de harina (o un poco más).
Amasamos. Enharinamos el bollo y dejamos reposar un rato. Luego estiramos y forramos un molde enmantecado con nuestra tarta. Pinchamos y llevamos al horno por unos 15 minutos.  Para el relleno: en una sartén con aceite, freímos una cebolla blanca, cuatro o cinco cebollitas de verdeo y un morrón verde. Cuando estén dorados, agregamos 2 latas de choclo cremoso (recomiendo La Campagnola porque son más dulces). Cocinamos un rato más y apagamos el fuego. Cuando esté tibio agregamos uno o dos huevos, revolvemos bien y rellenamos la masa. Por encima agregamos queso rallado y nuez moscada. Y otra vez al horno por unos veinte minutos más.

Se han interpretado innumerables versiones de este tango "criollo".  Y hay una que particularmente me interesa compartir y es la maravillosa Kiss of fire de Louis Armstrong:
Si me hacen el favor, escuchenlá.


Coquitos


Los coquitos corren mejor suerte que las galletitas de avena. Es una receta muy expressssss y por demás deliciosa: batir dos huevos con media taza de azúcar. Cuando se forme una crema, agregamos una taza de coco rallado (conviene comprarlos en una dietética o simbólica, los que venden en el super son minúsculos y caros). Distribuir en placa (o pirotines) y al grill u horno mediano a suave por 15 minutos. Si les quedan secos porque se les fue la mano con el coco, las pueden pintar con un poco de almíbar y chau, a respirar hondo y a casa de tía Nelly nomás.

miércoles, 31 de marzo de 2010

Pollo con mole


El mole es una de las salsas más difíciles de hacer. Lleva muchísimas cosas: almendras, nueces, maníes, cacao, canela, pasas, sésamo, clavo de olor, perejil, pimienta, cebolla, ajo y más de cincuenta clases de chiles. También requiere de mucha técnica para que el resultado sea una salsa picante (y asimilable a la vez), aterciopelada y aromática. Es decir, que sea un placer para la vista, el olfato, el paladar, el alma y el estómago.
La historia dice que a esta receta la inventaron los aztecas, quienes lo llamaron “mulli” (o mezcla) y que fueron las monjas mexicanas, en los períodos de voto de silencio, la que la perfeccionaron. Nosotros, que no tenemos a mano los ingredientes, la experiencia ni la costumbre de estar mucho tiempo en la cocina, encontraremos la forma de hacerlo bien, fácil y honradamente.  Rápido lo que se dice rápido no va a ser, pero “si de prisa haces el mole, ¿qué dejarás pa´ hacer despacio?”. La parte que nos llevará tiempo será la de tomarnos el 64 para ir al barrio chino a conseguirlo. También podemos ir al Jumbo o a una de estas vinerías donde venden conservas importadas. Viene, que yo sepa, en pasta o en polvo. Una vez que logrado este primer gran objetivo, podremos decir “manos a la obra”. Desde este momento es muy fácil.

Además del mole poblano, necesitaremos presas de pollo. Yo recomiendo usar pechuga, para el foco no se salga de la salsa. Nos conviene cocinarla a la cacerola (u olla), para lo cual: calentamos un poco de aceite, echamos una cebollita cortada, perejil o cilantro y, si quieren,  zanahoria y apio. Una vez que está dorada la cebolla, sellamos el pollo. Por otro lado preparamos un caldo de ave o lo que tengan ganas: en una taza con agua caliente hidratamos un cubito de ave o de lo que más les guste. Vamos echando el caldo de a poco en la olla para que el pollo no se seque. Cocinamos por alrededor de 20 minutos. Mientras tanto, preparamos el mole. Es decir, seguimos las recomendaciones de la cajita si es en polvo y de la etiqueta si es en pasta. A cualquiera de estas dos preparaciones podemos agregar un poco del fondo de caldo que nos quedó en la cacerola. Servimos el pollo en un plato y lo bañamos en la salsa. Rociamos con unas semillas de sésamo. Ténganse fe, si saben cocinar bien el pollo, el mole muy difícilmente les salga mal. “Del plato a la boca, nadie se equivoca”.

Ate membrillo o Ate guayaba

 

Esta receta también es mexicana. Hervir tres o cuatro membrillos o guayabas cortados en cuartos (sin quitar el cabo ni las semillas) en bastante agua. Cuando estén tiernos, los retiramos del fuego y los dejamos entibiar. Luego los colamos, quitamos la pulpa y hacemos un puré. Si nos queda una taza de puré de membrillo o guayaba, añadimos una taza de azúcar (o menos, esto va a conciencia de cada panza). Llevamos al fuego durante media hora y revolvemos con cuchara de madera para que no se pegue. Lo metemos en un moldecito y a la heladera. Dejar reposar bastante tiempo y desenmoldar. Se puede servir acompañado de queso. Nadie los quiere engañar: también lo pueden llamar queso y dulce o vigilante.
Y como nos trasladamos desde México hasta la República Oriental del Uruguay, terminamos esta receta con el maravilloso microcuento del escritor uruguayo, Orlando Enrique Van Bredam:
URDIMBRE
—¿Tu marido es celoso? —preguntó él.
—Sí. Mi marido es el oso que viene ahí -respondió ella.

domingo, 28 de marzo de 2010

Arroz con leche vía México


El arroz con leche fue traído a nuestro continente por los conquistadores y, que a su vez, lo habían asimilado de otros conquistadores, los árabes. Fueron ellos quienes llevaron a España el azúcar, el arroz, la canela y toda esa gran cultura gastronómica que tan claramente se percibe en la península ibérica y en los países centrales y tropicales de América. Dando vuelta la página a esta publicación de billiken, pasamos a lo nuestro.


En una olla hervimos una taza de arroz con dos de agua y una rama de canela. El arroz que mejor le va a esta receta es el doble carolina, pero como todos sabemos, mientras sea arroz y no lentejas, todo está bien. Cuando el agua se evapore y el arroz esté cocido, agregamos dos tazas de leche con una yema batida y disuelta, azúcar a piacere y cáscara de limón cortada finita. Cocinamos diez o quince minutos más, apagamos y a la heladera. Esta es la receta básica. Ustedes pueden personalizarlo como más les plazca. Pueden agregar pasas rubias, canela en polvo, nueces o almendras picadas, crema de leche, esencia de vainilla y/o leche condensada. Cada uno encontrará su mejor versión. Fin de la receta de un postre tan suspirado por las chicas que se quieren casar vía México.

sábado, 27 de marzo de 2010

Frijoles refritos


Para hacer esta receta necesitamos contar con dos ingredientes principales: frijoles negros (que se consiguen en cualquier dietética o simbólica) y comino. El aroma del comino es veramente delizioso, les aseguro que les quedarán ganas de hacer otras recetas donde puedan usarlo. Sigo. Para hacer frijoles para 4 personas: lavar bien 1/4 kilo de frijoles negros (que dicho sea de paso les costará tan solo 2 pesos). Cambiar el agua varias veces hasta sacarles las piedritas y basurita. Dejar remojando una noche entera. Al día siguiente, volver a cambiar el agua varias veces, meter en una olla y cocinar por aproximadamente hora y media o dos horas, hasta que estén tiernos. Si tienen el fuego al mínimo no es necesario hacerles un gran seguimiento. Cuando estén listos, colar. Reservar un poco del agua de los frijoles para el momento de procesar. En una sartén rehogar una cebolla picada en aceite o manteca. Cuando esté doradita, añadírsela a los frijoles. Juntar la cebolla con los frijoles, condimentar con sal y una cucharada de comino y procesar (o pisar bien con un tenedor). Agregar de a poco el agua reservada, tiene que quedar un poco espeso pero no seco. Cuando esté hecho un puré, volver a meter en una olla y calentar agregando en el centro un trozo de queso muzzarella (a falta de queso Oaxaca...). Cuando se derrita, sacamos del fuego. Los podemos usar para hacer un tapeo con nachos o para rellenar una tortilla mexicana. Es increíble cómo se puede comer bien con tan poco. El aroma del comino quedará vagando en la cocina por unas cuantas horas. Que perdure.
PS: La próxima posteo la receta del pollo con mole!

Guacamole


Para hacer un guacamole mediano necesitamos 2 paltas negritas maduras, limón, tomate, cebolla, cilantro y sal. Retiramos la pulpa de las paltas y las rociamos con limón. Las pisamos hasta convertirlas en puré. Agregamos un chorrito de aceite y sal. Picamos un tomate perita maduro, media cebolla y unas hojas de cilantro. Mezclamos todo esto con el puré de palta. Algunos le agregan un poco de salsa picante. Pero si vamos a hacer también la salsa mexicana, no se los recomiendo. Si les queda un poco ácido, agregamos una cucharadita de azúcar.

Tortillas mexicanas


Como muchos de ustedes saben, las tortillas mexicanas están hechas a base de harina de maíz. Se usan para hacer los famosos tacos y se rellenan de queso (quesadillas), de queso y chiles (enchiladas), de pollo con mole, de chorizo colorado y queso, de guacamole y tantas combinaciones más. Esta receta que les paso es una versión fácil y rápida y las tortillas quedan deliciosas. Las rapiditas no le llegan ni a los talones, doy fe.
Es para gente como una que no tiene tiempo de conseguir harina de maíz. Alguna vez probé de hacerlas con polenta y la verdad es que quedaron bastante mal. La que sale bien es esta: mezclar una taza de harina de trigo, una taza de maicena, una cucharadita de polvo royal, un chorro de aceite, agua tibia (media taza  aprox) y sal. Mezclamos el harina, la maicena, en royal y agregamos sal. Luego agregamos un chorro de aceite y, de a poco, agua tibia (hasta que tenga consistencia de masa no muy blanda; tiene que poderse estirar fácilmente con palote o con la mano). Amasamos bien y armamos bollitos chiquitos (más o menos les quedarán unos 12). Los dejamos estacionar unos minutos. Luego estiramos los bollos en una tabla enharinada y les damos forma redonda. Deben quedar finitos porque al cocinarse se inflan un poco. En una sartén caliente, sin aceite, cocinamos unos segundos la tortilla y la damos vuelta otros segundos más (30, 45 segundos). Deben quedar flexibles, recuerden que se usan para rellenar y tienen que doblarse fácilmente. Guardarlas en una servilleta para que no se enfríen. Se sirven calientes y cada uno las rellena con lo que tenga a mano o sepa cocinar.

Salsa mexicana, ajjj... híjole!


Esta salsa es muy fácil y rápida de hacer pero hay que tener cuidado. Una noche invité a algunos amigos a que probaran mi versión de la comida mexicana. Me faltaba chile y no tenía tiempo de ir hasta el barrio chino ni a ningún supermercado grande, así que busqué en internet para ver con qué podía reemplazarlo. Por medio del google me enteré que podía usar ají puta parió. Después de la cena, mis amigos se retiraron en condiciones bastante aceptables, pero a la mañana siguiente fui anoticiada de que mi casa estaba entre los top five de los lugares más peligrosos del mundo. Muchos de nosotros, cocineros inexpertos, nos aventuramos en hacer ciertas recetas reemplazando aquello que no conseguimos por cualquier estupidez que internet nos dice que es parecida. Es cierto que si uno no consigue chile y quiere hacer una comida picante puede reemplazarlo por el ají puta parió, es por eso que lo distribuye una verdulería y no Monzer Al Kassar. Pero sepan que “picante en la comida, pólvora servida”. Entonces, si van a usar ají puta parió (o incluso chile), recomiendo: primero, usar una rodajita mínima (sobre todo si es la primera vez que lo van a utilizar); segundo: no usar las semillas; tercero, cortarlo prácticamente sin tocarlo con los dedos; cuarto, si lo tocan luego no se pasen las manos por la cara (ni la de ustedes ni la de nadie); quinto, el mismo efecto (dígase llagas) que deja el ácido en los dedos y en la cara, también lo deja en el estómago.
Dicho todo esto, muy oportuno de comunicar, paso a la receta de la salsa mexicana:
Procesar en la minipimmer o licuadora (o picar bien chiquito): 4 tomates peritas maduros, 1 cebolla, ½ diente de ajo (opcional), 1 ramita de cilantro, 1 pizca de azúcar, sal, 1 cucharada chiquita de comino (también opcional) y una pizca de ají picante.  Dejar estacionar en la heladera un buen rato para que se acoplen los sabores. Se acompaña con nachos o totopos.Si les quedó medio desabrida, pueden subir la carga en una próxima oportunidad. Pero de a poco, por favor. No vaya a ser que manden algún amigo al purgatorio. Y si eso sucede, manténganse siempre alejados de vuestro paraguas de punta de acero.

sábado, 20 de marzo de 2010

Mousse de MOMIA

 

Santa Rita se reporta luego de un largo silencio para presentarles esta exótica mousse de momia. Si el título les resulta excesivo, pueden cambiárselo por cualquier otra gansada. Terriblemente fácil y sabroso. Para cuatro momias fresquitas: 200 gramos de queso crema (o queso blanco), 2 claras batidas a nieve, 3 o 4 cucharadas de azúcar y 1 cucharada de gelatina sin sabor remojada en 2 de agua caliente. Para decorar, cascaritas de limón en almíbar y chocolate blanco. Mmmm... y esencia de mumya. Cuando las clara estén a punto nieve, agregar el azúcar y seguir batiendo hasta punto merengue. Agregamos el queso y la gelatina disuelta. Mezclamos despacio tratando que las claras no se bajen. Llevamos a recipientes individuales y luego a la heladera. Desmoldamos y decoramos con cascaritas de limón en almibar y chocolate blanco.
Para hacer las cascaritas de limón: en una olla chiquita metemos un cuarto de taza de azúcar, un cuarto de taza de agua y unas gotas de limón. Cuando el agua hierva tiramos tiritas de cáscara de limón. Dejamos evaporar el agua hasta que se convierta en almíbar. Y cataplún.
Los dejo en compañía de un microcuento de MOMIAS:

ÖTZI
(autor desconocido. Fuente: El cajón deSastre)

Ötzi es el nombre dado a la momia encontrada en los Alpes y que pertenece a un hombre que vivió hace 5300 años (año arriba o abajo). Os pongo uno de los resultados del examen forense a que está siendo sometido.
"Las muestras de tejido pulmonar señalan que tenia un estado fuertemente antracótico, es decir, tenia los pulmones de un fumador empedernido"
También hay pruebas de que murió por las heridas recibidas en una pelea.

Falafel ligerito



Este falafel es lo que se dice rápido. Necesitamos: una lata de garbanzos bien escurridos, media cebolla cortadita, un diente chiquito de ajo picado, cilantro o perejil, sal, pimienta y semillas de sésamo para rebozar. Metemos todo esto en la minipimmer (menos las semillas de sésamo) hasta que se forme una pasta dura. Armamos bolitas y las rebozamos con semillas de sésamo. Las podemos freír o meter al horno. Se acompañan con las salsas que siguen en los próximos post.

Tahini


El tahini es una de las salsas tradicionales de la cocina árabe y sirve, por ejemplo, para acompañar nuestro falafel. Es muy fácil. Para prepararlo solo necesitamos semillas de sésamo, sal, perejil o cilantro, ajo y agua.
Tostar las semillas en una sartén a fuego mínimo durante 5 a 10 minutos. Cuando estén levemente doradas, apagamos el fuego. No dejar que se quemen, sinó la salsa queda amarga. Procesar las semillas en la minipimmer o licuadora mientras vamos agregando de a poco agua y sal. La salsa debe quedar ligeramente espesa.

domingo, 21 de febrero de 2010

Islote Es Vedrà

 

Para la gente que cree en los duendes de Es Vedrà, ese islote al sur de Ibiza que completa el famoso “Triangulo del Silencio” y para quienes además de creer han puesto un pie sobre la roca mágica de esta isla, vamos a postear la receta de un postre que no es flan, ni tarantela, ni zinganella ni isla flotante. Es, como bien dice el título… (mejor ni lo repito).
Para hacer el triángulo de los tres (o cuatro) islotes, necesitamos: moldes individuales o un molde mediano, ½ litro de leche, una rama de canela, unas gotas de esencia de vainilla, 1 taza de puré de zapallo dulce, 3 cucharadas de maicena, 2 huevos y azúcar. Ponemos a calentar la leche con la rama de canela y las gotas de vainilla. Dejamos hervir un par de minutos y apagamos el fuego. Separamos las claras de las yemas. Batimos las claras a punto nieve  recordando que si les ponemos una pizca de sal quedan más resistentes. En otro recipiente batimos las yemas con el azúcar hasta el punto letra. Le agregamos el puré de zapallo y 4 cucharadas de maicena (despacio para que no se agrume). Cuando la leche esté tibia, agregamos a la preparación de yemas y zapallo. Después añadimos las claras batidas a nieve, procurando que no se desinflen. Poner azúcar en moldes individuales (o en el molde) y caramelizar sobre la hornalla. Retiramos del fuego. Agregamos en los moldes nuestra preparación y cocinamos a baño maría (me refiero a que tienen que poner una olla con agua hasta la mitad y cuando el agua hierve, meter el molde y dejar cocinar en la olla semidestapada). En 20 minutos o media hora, apagamos el fuego. Recién cuando esté tibio, lo guardamos en la heladera. A las dos o tres horas ya se podrá desmoldar. 

Volviendo al tema que nos compete: los (des) afortunados que han conocido Ibiza (entre los cuales no me en-cuentro) dicen que llegar ahí es casi imposible. Y los que logran poner un pie sobre la roca mágica de Es Vedrà, retornan a su tierra alterados. Algunos dicen haber visto objetos no identificados por el cielo y otros dicen haber hablado con gente que desaparecía de imprevisto. Están también los que cuentan que una luz mágica los envolvió y transportó hasta otro planeta para luego devolverlos a éste con la sospecha de haber sido metamorfoseados. Da impresión, no? Y todo gracias a una roca metamórfica. Como verán en esta foto, la roca en cuestión está representada por una nuez. Y les cuento que si la meten en el molde mientras se hace el caramelo, queda bárbara.

PS: Aunque muchos de ustedes no lo sepan, en González Catán tenemos nuestra ciudad mágica: Campanópolis. Algunos dicen que Campanópolis es una isla, pero yo no estoy de acuerdo porque para mí las villas miserias no son agua. Sea como fuere, he tenido la suerte de estar trabajando varios días en esa aldea construída por Antonio Campana -que no es el dueño de la Campagnola como por equivocación anduve repartiendo por ahí-, y puedo asegurar que si bien no he visto fantasmas, ni fui transferida a ningún lugar más lejano que a una motorhome, la ciudadela a las tres de la mañana tiene vida propia. Para contarles alguna anéctota tendré que esperar a que una de mis recetas esté a la altura de las circunstancias.

domingo, 14 de febrero de 2010

El zapallo de Macedonio

 

Volvemos al zapallo nomás. Para hacer la Cazuela de Macedonio no es necesario leer el cuento “El zapallo que se hizo cosmos”, aunque igual les recomiendo su lectura.
Por porción: una taza de puré del zapallo de ese que ustedes ya saben (kabutia), 1 huevo batido, sal y pimienta.
Forramos una tarterita o recipiente de aluminio con el puré mezclado con el huevo, armando una especie de base de tarta. En una sartén con aceite de oliva, freímos cebolla, cebolla de verdeo y morrón verde. Cuando las verduras estén doradas, retiramos de la sartén la mitad de la preparación y a la otra le agregamos un cuarto de lata de choclo cremoso La Campagnola. Salpimentamos. Lo usamos para rellenar la base. Añadimos por encima la cebolla y el morrón que nos quedaba más un poco de queso. Gratinamos en el horno o grill unos minutos y ya está. Les prometo que este zapallo queda en sus dimensiones. Y ya que estamos, cerramos con Macedonio: "En cierto modo, un libro no es más que una cosa que intercepta la luz". Haberlo sabido a tiempo.

Berenjenas con Copyright

 

Siguiendo la receta de una de mis fieles lectoras (que no me cocina pero lee), hice esta pasta de berenjenas polacas: poner una berenjena sobre el tostador de pan muuucho tiempo. Si tienen ganas de ensuciar, directamente sobre la hornalla. A medida que la cáscara se va quemando, la vamos dando vuelta. Cuando la berenjena esté chatita y apenada, la tendremos lista para achurar. Abrimos a la mitad con una buena cuchilla y dejamos escurrir el agua. Luego le quitamos la pulpa de adentro, la picamos, agregamos una cebolla cortadita, añadimos sal, una cucharada de mayonesa y listo! Y la berenjena se vuelve feliz, nacional y popular.
Fin de la receta y principio de lectura del maravilloso cuento del escritor polaco Slawomir Mrozek:
El socio (de Juego de Azar)
Decidí vender mi alma al diablo. El alma es lo más valioso que tiene el hombre, de modo que esperaba hacer un negocio colosal.
El diablo que se presentó a la cita me decepcionó. Las pezuñas de plástico, la cola arrancada y atada con una cuerda, el pellejo descolorido y como roído por las polillas, los cuernos pequeñitos, poco desarrollados. ¿Cuánto podía dar un desgraciado así por mi inapreciable alma?
–¿Seguro que es usted el diablo? –pregunté.
–Sí, ¿por qué lo duda?
–Me esperaba al Príncipe de las Tinieblas y usted es, no sé, algo así como una chapuza.
–A tal alma, tal diablo–contestó–. Vayamos al negocio.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...